bonnie ’prince’ billy + faun fables sinsal #5

por arvre

WILLOLDHAM_9

“lo mejor de la vida, qué demonios. lo mejor de la vida en la tierra es cuando despiertas de un descanso reparador. mientras emerges lentamente del sueño, existe un estado muy primigenio, incluso infantil, has descansado y estás seguro. es el nivel más básico, estás vivo. esta sensación de felicidad cósmica es, sin embargo, fugaz. si tienes suerte puedes estirarla hasta… oh, dos o tres segundos. después de eso, la conciencia vuelve a instalarse y se trae a su amiga la realidad. intentas rechazarlas pero es demasiado tarde, empiezas a pensar…”

este fragmento del cómic estafados de alex robinson, valdría para resumir lo que fue el concierto de faun fables y bonnie ‘prince’ billy para los que estuvieron allí y sabían a lo que iban. los valientes que no lo sabían habrán visto en faun fables a una pareja que se presentó cantando a cappella por el pasillo central del auditorio. una pareja que le canta a los animales que mueren en la carretera, al piano de mamá, al deseo de ser como el viento o al solsticio de invierno. nils frykdahl y dawn mc carthy, que así se llaman, también describieron cómo es la mirada de un pájaro, por qué les gustaría ser como el viento o por qué quieren que el amor vuelva a vivir dentro de ellos, deseo éste último que sonó especialmente convincente en la onírica traveller returning. a faun fables también les gusta conjurar en el mundo sintético a sonámbulos y fantasmas porque lo suyo es puro teatro, sí, y también guitarras acústicas, flautas traveseras, bucles y el equilibrio perfecto en el juego vocal de los graves y los agudos. una pareja que invita a olvidar los centros comerciales en favor de un paseo por el bosque, pretensión esta que suena igual de absurda que animar a recoger de la carretera los animales que se atropellan una y mil veces, ¿verdad?

will oldham (aka bonnie ‘prince’ billy) es la guerra norte y sur, la tradición country, el folk y el blues rural contenidos en unos vaqueros flojos, unas botas, chaleco, gorro, barba y cuatro puntos de rimel en los ojos. es verlo subido al escenario y darse cuenta de que representa lo que nunca debió dejar de ser norte américa (musicalmente hablando). está tocado por la varita, tiene estrella además de carisma. maneja el más difícil de los instrumentos, la voz, con una suficiencia insultante en cualquiera de sus registros. de ahí la felicidad cósmica del primer párrafo, y de ahí también la dificultad en cuestionar defectos y enumerar virtudes. y es que son tantas las razones (canciones) ofrecidas, que es casi obsceno analizar clásicos de la talla de ‘i see a darkness’, ‘ohio river boat song’ y ‘new partner’ o los clásicos que su último disco (‘the letting go’) llegará a dejarnos cuando pase el tiempo necesario para que los acólitos olviden un poco el pasado y disfruten del presente (‘love comes to me’). en este punto la incorporación de dawn mccarthy como segunda voz multiplicó unas sensaciones que con un dueto a cappella coronó uno de los grandes acontecimientos que le han ocurrido al festival sinsal en sus ya cinco ediciones. entre canción y canción will nos recordó algo obvio; las caras de la vida, la dulce y la amarga. pero lo decía flexionando las piernas, lo decía por la boca pero también por las manos y por los ojos. habla tan seguro y con tanta naturalidad que todo lo que le rodea sobra, piensas que no haría falta una guitarra y un escenario, bastaría oírlo hablar de cómo resultó el viaje que le llevó hasta vigo o de cómo sabría el peixe sapo que se llevó de cena para descubrirlo más fetiche de lo que ya creíamos. en una de sus canciones reivindica la necesidad de disponer de un ángel cerca, por suerte ayer uno de ellos pasó por aquí.“después de eso, la conciencia vuelve a instalarse y se trae a su amiga la realidad. intentas rechazarlas pero es demasiado tarde, empiezas a pensar…”

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