happy people ~ a year in the taiga

por arvre

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[…] la diferencia entre una trampa de caída y una trampa de acero es que la marta hambrienta ignorará la trampa de acero. haga lo que haga, cuando tire del señuelo le caerá encima. la piel no tiene manchas de sangre, el animal se ve tan bien como si estuviera vivo. es una manera de morir humana, porque muere al instante. si lo piensas bien, somos todos asesinos o cómplices. incluso aquellos sensibleros que tienden a compadecerse por todo. ¿por qué? es muy simple. un hombre tiene un cerdo, pero él sabe con anticipación para qué lo mantiene. para matarlo, comerlo y vender su carne. e incluso aquél que siente pena por todo eso, compra la carne de este hombre. el cazador es igual que un granjero de cerdos, sólo que más honesto […]

[…] solía criar ganado, pero nunca me podía animar a matarlos. los animales vienen a ti esperando afecto o que le des un buen regalo. pero en vez de eso, reciben una bala en la cabeza. en la taiga el animal salvaje sabe que nada bueno puede venir de mi, de un hombre, tratará de escapar. aquí se trata de saber quién es más astuto […]

así habla de la “kuliamka” (trampa de madera utilizada para cazar martas) en particular y de la caza en general, gennady solovyev, uno de las cazadores que vive en bahkta, aldea de 300 habitantes situada en el corazón de la taiga en siberia. gennady es uno de los cazadores profesionales que dmitry vasyukov y werner herzog acompañan en “happy people, one year in the taiga” documental grabado en 2011 estrenado en 2013.

para un vegano como servidor enfrentarse a un documental así cuesta, y cuesta porque la destreza de esos personajes me resulta fascinante, asisto al desfile de imágenes víctima del síndrome dersu uzala, invadido por el espíritu del capitán vladimir arseniev incapaz de resistir el hechizo de la personalidad de esas gentes tan afines al protagonista de la peli de kurosawa. aislados, sin electricidad, sin teléfono, sin política, sin leyes, con sólo dos posibles accesos a la aldea, por aire o a través del río yenisei, congelado la mayor parte del año. seres humanos más propios de la edad de hielo, con costumbres prehistóricas vigentes en una realidad que sólo adivinas paralela cuando se suben a las motos de nieve. decía que me costaba enfrentarme a un documental así porque esas personas autosuficientes hasta el extremo son cazadores, es decir, son profesionales del asesinato de inocentes, de esa fauna salvaje que cubre la inmensidad de la taiga ajena al horror del primer mundo.

y a partir de ahí se deslizan por mi cerebro multitud de interrogantes, ¿puede un vegano respetar y admirar a un cazador así?, ¿es un vegano un error de la naturaleza?, ¿soy más ético que uno de esos habitantes por no utilizar animales cuando al mismo tiempo contribuyo con mis bienes materiales a enriquecer el capitalismo?, ¿por qué me siento la última mierda ante tanta honestidad? vivo en la generación ipad, ipod, iphone, es decir, la generación i diota. una generación que bien podría terminar como la retratada en el orwelliano capítulo de la primera temporada de black mirror, “15 million merits”. estoy muy de acuerdo con las palabras de gennady del primer párrafo, tú que compras animales descuartizados en el supermercado eres cómplice de asesinato por muy sensible que te consideres o por mucha repulsión que te provoque la estampa del disparo de una pistola de bala cautiva en el cerebro de un ternero, pero eso es algo sabido aunque esté bien que gennady subraye la esquizofrenia moral que padece la sociedad actualmente. las contradicciones vienen a la hora de intentar equiparar la querencia walden de un vegano contemporáneo con el modus vivendi de cualquier habitante de la taiga.

de poder elegir no habría escogido nacer, me gusta este planeta cuando no hay humanos en él, me fascina el equilibrio de la flora y fauna regida por el sol, al que el entrañable dersu uzala también llamaba “gente” como al resto de animales o plantas. pero me ha tocado vivir en él y en una época en la que la superpoblación se ha llevado por delante esa cosa llamada compasión, por lo tanto los animales son los que más sufren nuestra ceguera existencial. werner herzog da en el clavo al titular el documental “happy people“, porque los habitantes de bahkta son además de ricos (ya saben, no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita) felices, viven una felicidad que nosotros no alcanzaremos jamás, una felicidad que cuestiona mis principios éticos porque siempre estoy cacareando que el ser humano actual ha perdido contacto con la naturaleza y a pesar de ver a los lucios agonizando en las redes o a los cadáveres congelados de las martas, armiños o aves, una parte de mi siente envidia. ¿podría un vegano sobrevivir en bahkta? that’s the point.

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