wilson

por arvre

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Esta es una historia cursi y almibarada de una recogida y posterior liberación en manos de unos completos ignorantes del universo ornitológico, más aún hablando de aves pelágicas. Esta es la historia de Wilson, un paíño pequeño (hydrobates pelagicus, gracias Damián por aclarar el nombre) que en un primer momento confundimos con un paíño de Wilson (oceanites oceanicus), de ahí el apodo. A Wilson lo encontramos el pasado sábado en el puerto de Panxón mientras cenábamos. En medio de la lluvia y el viento vimos cómo caía a plomo desde el cielo hasta la acera. Salimos a ver qué pasaba pensando si habría caído de un nido, ¿sería una cría?, recogerlo y llevarlo a casa fue lo siguiente. Acondicionamos un transportin con paja, alpiste y agua. El domingo por la mañana certificamos que no había comido nada, ahí realmente nos dimos cuenta de lo especial que es esta ave. Las patas con membrana dejaban claro el hábitat marino de Wilson, por lógica de asociación cambiamos el alpiste por sardina enlatada para gatos, le forzamos a comer pero el pobre Wilson malamente conseguía ingerir la comida, por la noche optamos por dejar un plato con sardina desmenuzada en el interior del transportin. A la mañana siguiente comprobamos que había comido todo.

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A lo largo del domingo cruzamos llamadas con todas las instituciones posibles: Seprona, Guardia Civil, Emergencias, Policía Local de Gondomar, Cotorredondo, etc… pero sólo sacamos información en limpio de Seabirds Galicia y de los comentarios en Facebook de personas más preocupadas por Wilson que la administración pública que todos pagamos con nuestros impuestos. Es decir, si eres un animal considerado especie protegida lo vas a tener difícil para que las entidades responsables de tu cuidado y atención hagan lo que tienen que hacer para garantizar tu bienestar. En fin.

El lunes por fin nuestra llamada de auxilio tuvo respuesta a través de Paco, un agente medioambiental que se acercó a comprobar el estado de Wilson, al verlo decidió liberarlo en Ladeira, dejamos a Wilson en la arena pero no hizo ademán siquiera de volar, de vuelta a una caja esta vez con destino Cotorredondo. Allí lo examinaron y comprobaron que no tenía aparentemente nada más que el presumible agotamiento tras la tormenta y el mal tiempo de la semana pasada, para hacerle sentir en bata y zapatillas se improvisó una pequeña playa con agua de mar, arena, grasa y sardina. En este punto es inevitable pensar en el trato que reciben las gaviotas o palomas cuando las llamadas de auxilio tienen que ver con ellas, ¿qué o quién determina que un paiño es más importante que una paloma?, ¿desde cuando una vida pesa más que otra?, ¿playas artificiales para unos, hacinamiento en cajas para otros? EN FIN. Wilson comió perfectamente e inspeccionó el lugar dando muestras de recuperación. Tras consultar con más veterinarios la conclusión pasaba por liberarlo en horario crepuscular, en una zona más familiar para Wilson. Lo llevamos a una de las calas de Monteferro sobre las 8 de la tarde, abrimos la caja en la que venía de sufrir el enésimo viaje, lo posamos en una roca y nos alejamos.

Los 15 ó 20 segundos que transcurrieron después no son nada fáciles de llevar a caracteres, imposible medir en palabras la pegada espiritual. Paco intentaba disimular las lágrimas mientras pedía perdón por considerar poético el momento en el que Wilson tras aletear unos segundos en la roca se elevó para partir a su hogar, la inmensidad del océano. La silueta de Wilson desaparecía ante nuestros ojos regalándonos una de las escenas más bellas que servidor haya podido disfrutar nunca. Dice el diccionario que la magia blanca o natural es la que por medios naturales obra efectos sobrenaturales y la verdad es que no encuentro mejor síntesis, ver partir a Wilson fue mágico a pesar del punto de tristeza egoísta.

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No diría que Wilson tuvo suerte al toparse con un grupo de personas que realmente se preocupó por él, más bien fuimos nosotros los afortunados por haber disfrutado de su compañía el tiempo que estuvo cerca. Tener la suerte de contemplar a un ser vivo de este calibre tan de cerca revuelve mil cosas dentro de mi, intento pensar en que momento al ser humano se le escapó el planeta tierra de las manos con toda la belleza que cabe en él, en qué momento perdimos la inocencia que destilan estas formas de vida, ¿por qué el ser humano maltrata animales cuando tenemos taaaaanto que aprender de ellos?, ¿por qué es más fácil dejar correr la hemorragia emocional que nos cubre?,  y un largo etc. con una carga de dramatismo inversamente proporcional a la fragilidad de Wilson.

Desde el primer momento que lo vimos me vino a la cabeza la letra de “bird of cuzco” de Nina Nastasia, una canción a la que siempre podremos recurrir para acordarnos de él. Wilson allá donde estés, cuídate mucho y gracias por la visita.

“Oh bird
You must be starving
From your flight so long
The wind, the way it was blowing
I feel lonely not to have come
There the pounding rain has flooded the dam
I can offer you my room you can sleep it “

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