steve gunn # festival sinsal 11

por arvre

steve-gunn-sinsalaudio-emao

Me he puesto a inventariar los fingerpickers que han desfilado por el Festival Sinsal / Sala Vademecwm en los últimos 11 años y la lista impresiona: Ben Chasny, P.G. Six, James Blackshaw, Jack Rose (descanse en paz), Glenn Jones, Sir Richard Bishop o Matt Valentine. A ellos hay que añadir a Steve Gunn, al que hasta ayer creíamos conocer. Digo creer porque la distancia es lo que tiene, cuando acotas miles de kilómetros a centímetros el resultado apabulla e hipnotiza a partes iguales.

Tiene mucha parte de culpa la idea de darle un valor añadido a la música a través del espacio, conjurar en el mismo lugar a próceres como Taboada Leal o García Barbón, figuras con tilde en la historia de Vigo presentes en la indescriptible hemeroteca de la EMAO (Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo) más propia del mundo Harry Potter de J.K. Rowling. Entre páginas amarillentas de libros raídos, mobiliario propio del salón de Luis XVI, locomotoras forjadas a mano, máquinas de escribir Underwood y un largo etc. de reliquias ajenas a este mundo de obsolescencia programada, Steve Gunn manejó a su antojo la sugestión de las 72 personas que, según sus propias palabras, se comportaron como pocas veces recuerda. Espero estar hablando del principio de una larga serie de colaboraciones con uno de los espacios más emblemáticos de Vigo.

Durante la prueba de sonido le pregunté si se atrevía a tocar en acústico y sin la batería de John Truscinski “ocean parkway” del disco publicado el año pasado por Three Lobed Recordings, la respuesta fue sí y con la ejecución nos quedamos con uno de los momentos para recordar en la historia del Festival Sinsal. La cadencia cargada de octanaje en disco muta a melodía cristalina como el agua de la fervenza de Aguacaida en Pantón. Música y paisaje de la mano gracias al imaginario de un Steve Gunn residente en Brooklyn ansioso por mudarse al campo con su novia para huir del asfalto. De ahí que sus composiciones resulten tan orgánicas y fáciles de digerir, de ahí también que maneje el oído del espectador con tanta suficiencia, transportándote de un estado a otro sin notar los baches, transites un campo de algodón sureño o pasees por Filadelfia a través de “old strange” emocionante tributo que Steve Gunn le dedicó a su amigo Jack Rose tras el adiós prematuro. Por ahí se entiende que Fer estuviese a punto de perder el norte, como los chicos de Jay o Fantasmage, atónitos en primera fila.

Y si musicalmente el recuerdo es imborrable, del trato podemos decir lo mismo. Compartir cerveza con Steve Gunn es compartir cerveza con un tipo cuyos tentáculos abarcan a todos los pellizcadores de guitarras del primer párrafo, amigo de todo y de todos, de costa a costa, hables de Endless Boogie, Eternal Tapestry o The Black Twig Pickers (no os perdáis sus colaboraciones). También hablamos de joyas como “aren’t you ashamed” de Cap’n Jack, “alta marie” de Richard Dick, la reedición del disco homónimo de Ted Lucas o coincidir en “jesus i’m a sinner” de Daniel Bachman como uno de los discos del año.  Si al poso de cerveza añades que no come carne desde los 16 años, tras conocer la existencia de los mataderos, y que para la receta de seitán casero también utiliza gluten para ahorrar agua, ¿qué más puedes pedir para no caer rendido? Con Steve Gunn pasa eso del tocado una vez, hundido para siempre. Grande de grandes.

Anuncios