my home is the sea

por arvre

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two years at sea [ben rivers, 2011 | reino unido]

llevo una semana con esta película en la cabeza queriendo decir muchas cosas y sin saber muy bien por dónde empezar. intentaré hacerlo partiendo del mar porque my home is the sea y últimamente ha sido protagonista en las películas más excitantes que han desfilado por aquí y, como no, por culpa del temporal que ha azotado galicia durante esa cosa llamada navidad dejando estampas insuperables en cuanto a belleza a pesar del horror de las muertes y daños materiales.

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leviathan [véréna paravel & lucien castaing-taylor, 2012 | reino unido]

¿qué decir del mar?, ¿cómo meterlo en una cámara?, ¿cómo capturar con cierta solvencia su inmensidad? es obvio que el mar no cabe en una pantalla, o bien tiras de parafernalia digital y te curras un mar impostor rollo la tormenta perfecta o te basas en la intuición (visual o sonora) para darle otra dimensión. partiendo de esa limitación me interesa el enfoque del que un realizador pueda partir a la hora de ofrecer su visión, e intuirlo me parece un recurso siempre acertado. el otro día hablaba de leviathan como ejemplo de ejemplos porque no me hacen falta planos largos para apreciar la inmensidad, cerrar el foco y apoyarse en el sonido sublima mi percepción, me doy perfecta cuenta de la voracidad del oleaje, incluso soy capaz de oler y palpar la sal sin llegar a verlo con claridad. leviathan consigue algo realmente difícil, sentir el aliento en la nuca de la (en este caso) bestia aunque gires la cabeza y no la veas.

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at sea [peter hutton, 2007 | estados unidos]

en at sea peter hutton obvia el sonido. describe la vida de un carguero desde que nace hasta que muere. utilizar en este caso el recurso del silencio multiplica la contemplación ya que el oído busca constantemente sonidos para apoyarse y no los encuentra. la película está dividida en tres actos (nacimiento, vida, muerte) y es en la parte central dónde el carguero presume de vida surcando la inmensidad, aquí sí hay planos con la profundidad suficiente para retratar el horizonte, las puestas de sol o de luna infinitas invitan a pensar en todo aquello que nos rodea y desconocemos. hutton juega con la inmovilidad del armazón férrico versus la movilidad acuática y su velocidad en planos de las estelas que va dejando el barco en su tránsito, con el balanceo de las olas, la irrupción de los cambios climáticos y el cómo afectan a la vista a bordo, etc… en esta parte es inevitable acordarse de leviathan, en medio de la poesía fílmica es inevitable encontrar contrastes oscuros, si en leviathan los cuerpos inertes de los peces reflejan la miseria humana, en at sea es una constante el preguntarse qué narices llevarán dentro los contenedores, de dónde vienen o a dónde irán, incluso los planos filmados en blanco y negro traen al imaginario las mareas negras. ya en el acto final, cuando el barco llega al cementerio naval de bangladesh, la decadencia tiene un reflejo en cómo a través de los medios más arcaicos nuestro protagonista es desmantelado. las postales en bangladesh nos transportan a un futuro post apocalíptico aunque el uso del blanco y negro sin sonido remita a fotogramas del pasado, en cualquier caso la sensación de gloria y vergüenza del progreso de nuestra civilización es, tal vez, la resaca que este mar filmado por peter hutton quería mostrarnos.

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costa da morte [lois patiño, 2013 | españa]

en costa da morte, lois patiño posiciona la cámara como una contemplación de la contemplación, es inevitable acordarse aquí de caspar friedrich, en una secuencia de planos que retratan la galicia más caníbal. hablo de las canteras, incendios, tala, curros, feísmo arquitectónico, etc… con especial énfasis al describir el mar. en costa da morte vemos marisqueiras, bateas, percebeiros, pescadores de a pie y de a barco. vuelvo a pensar ante esas postales de aparente belleza el cómo vamos aniquilando poco a poco esa cosa que nadie nos regaló aunque consideremos nuestra, el planeta tierra. cien veces sí, el mar está ahí, pero nadie dijo que era lícito saquearlo. sí me seduce la idea de insignificancia humana ante esos planos cinemascópicos que ponderan las bondades de la naturaleza tanto en su plano más esplendoroso como en la decadencia.

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y vuelvo ya al principio, a two years at sea. aquí ben rivers no filma ninguna escena marítima, podemos ver al protagonista de la cinta, jake williams, contemplando lagos e incluso echando una siesta en el artilugio de la foto de ahí arriba, la lluvia y lo que sale de su ducha do it yourself es todo el agua que podemos ver. el agua salada sólo tiene protagonismo en el título. como venía contando en los anteriores párrafos el mar ha servido, sirve y servirá (quién sabe durante cuanto tiempo) como fuente de recursos y trabajo para el ser humano. en una relación completamente egoísta cogemos de él lo que nos sale de los cojones y/u ovarios y lejos de devolverle vida, retornamos ese favor con muerte y destrucción. ben rivers tira del mar para ponerle nombre a la película porque el protagonista, jake williams, pasó dos años en alta mar trabajando para poder materializar su sueño, recluirse en el campo y abandonarse al modus vivendi waldeniano. la película no ofrece pistas sobre el pasado de jake, ben rivers utiliza planos de fotografías antiguas que permitir intuir una vida pasada, hay una mujer, niños y lo que ya parecía una vida alejada del mundanal ruido y próxima al hábitat de las ratas almizcleras. durante la película vemos a jake interactuar y fluir en el entorno con una gran destreza a pesar de las limitaciones, aquí me acuerdo de la libertad de lisandro alonso y la vida menos libre de su protagonista, misael. hablando de lisandro alonso cabe reseñar que ben rivers reconoce haber querido seguir un poco el patrón contemplativo que lisandro utilizó en los muertos para retratar, desde la no intención explícita, la interacción entre hombre y paisaje. jake es libre, al menos al punto de necesitar muy pocas cosas del resto de humanidad. con total ausencia de diálogos, lo que convierte a two years at sea en una experiencia audiovisual magnética, es desarrollar la idea que bocetó en this is my land, el pulso que ofrece la querencia por integrarse en la naturaleza despojándose de cualquier asidero al mundo del asfalto y humo.

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que resulte un placer visitar la vida de jake se debe en parte al uso del blanco y negro nacido de filmar con película de 16mm b/n anamorphic, el visionado lejos de entroncar con un pasado remoto, como podría parecer a simple vista, sitúa este tipo de vida en un futuro en el que sobrevivirán aquellos que sepan lidiar con los avatares de la vida en el campo. también me acuerdo aquí de a torinói ló, por momentos me parece estar viviendo en el mismo planeta aunque sepa que el paisaje en two years at sea pertenece a escocia, concretamente a las highlands, cuando en a torinói ló sigo sin saber muy bien a día de hoy en que coordenadas espacio temporales u orbitales se desarrolla. mi fascinación se multiplica cuando jake musica escenas a través de vinilos o cintas que tanto a mi como a la tree people in da house nos deberían quemar de tan familiares. y volviendo al mar surge aquello que aunque queramos evitar nos define, nuestras contradicciones. es muy probable que jake durante esos dos años a bordo se ganase el pan asesinando inocentes, ¿convierte esa suposición a nuestro daniel higgs particular en culpable?, pues puestos a indultar a alguien pocos me parecen más merecedores de redención que jake williams porque en el único momento en el que nos topamos de frente con su mirada a ti no sé pero a mi me parece que sus arrugas dejan entrever cabos sueltos, más que un héroe, jake williams me parece un penitente que encontró en el mar la salvación.

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