marina abramović: the artist is present

por arvre

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marina abramović: the artist is present [matthew akers & jeff dupre, 2012 | estados unidos]

suelen decir que soy un tipo muy impresionable y puede que tengan razón pero con matices. hay un filtro para esa reciprocidad a la hora de lanzar serpentinas. no todo vale, no todo mola como para empalmarse así como así. ayer vi marina abramović: the artist is present y sucedió, me empalmé y eso que aquellos que me conocen saben que me ha costado un buen puñado de discusiones llegar a apreciar el arte contemporáneo (habla uno que encontraba en el gañán el grado justo de acidez para apoyar su discurso, ¡ojo ahí!).

buena, perdón, todísima parte de culpa la tiene el hecho de estar o haber estado muy bien rodeado siempre de amigos que son enormes artistas: anamarcoelomar & nicomonicaluismielenawaltermortidona, raquelcarmetonicris & marcosmarianabelfelipedavidolallaalexdavid & valchristiantamara o vicen (mi jean-pierre darroussin particular) y todos los que me olvide porque la lista sería interminable. no sé si será cosa de la madurez ahora que mis calvas están a 7 días de cumplir 39 castañas, pero ya consigo empalmarme ante una performance (adiós prejuicios, hola yo en plenitud). a la hora de buscar un por qué debería detenerme en intentar definir que es arte para mi, y como sucede con el amor, el arte no se puede explicar pero sí sentir. ok, este aforismo vale para salir del paso pero no ahonda ni en la chicha ni en la limoná. para meter un poco el bisturí debería acudir al talento innato del supuesto artista y por otro lado al impacto que genera en mí recibir el mensaje que ese supuesto artista intenta volcar en su obra. en ese sentido me importa de dos a tres pepinos la materialización del mensaje, puede salir de unas manos o cerebro virtuosos o todo lo contrario. el mensaje puede resultar devastador aunque esas manos o cerebro no posean formación académica alguna. valga como ejemplo la artista más grande que he sentido jamás, mi abuela (que en paz descanse). en comparación a cualquier plato degustado en el bulli, por mucho espacio que ocupase éste en documenta, la sopa de mi abuela se come cualquier reducción desuputamadre de ferrán adriá con o sin patatas.

pero volviendo a la mujer de rojo me gustaría poner el dedo en los medios utilizados para materializar el mensaje que llevan dentro los artistas hasta el punto de necesitar exteriorizarlo para que lo disfrutemos o no, todos y todas. me da igual hablar de comics, cine, cocina, música, fotografía, poesía, escultura o teatro, suelo estar más receptivo al mensaje cuando éste necesita menos medios para materializarse. es decir, en música por ejemplo, me llega más ahí instrumental de tender buttons que la orquesta filarmónica de viena dirigida o no por barenboim, en cine me llega más la aventura en le monde vivant de eugène green que cualquiera de harry potter, me quedo antes con la cabaña de proenneke (aunque a una de hundertwasser tampoco le haría ascos) que una vivienda diseñada por frank gehry, prefiero en mi mesilla los diarios de coloma fernández armero antes que los de kafka. vamos, que colgaría en mis paredes más orgulloso un original de seth neefus que uno de renoir. es decir, tirando del axioma de axiomas, menos es más.

¿y qué tiene que ver todo esto con marina abramović? pues mucho. aunque el documental no dispara a toda la mierda que rodea muchas veces el mundo del arte si repasa vida y obra de la abuela del arte de la performance y la necesidad, convertida en virtud, a la hora de retratar hasta la más insignificante de sus inquietudes vitales. en el documental marina intenta despejar una pregunta que le han hecho infinidad de veces, ¿es realmente arte lo que hace esta mujer?. pues tirando un poco de lo descrito ahí arriba para mi cien veces sí, es más, sigo teniendo a banksy como el artista más artista (lo de sirens of the lambs es insuperable) tras mi abuela, pero la performance llevada a cabo por marina en la retrospectiva que le brindó el moma en 2010 está cerca, muy cerca. ¿por qué? pues porque si un artista para remover cosas dentro de ti sólo necesita que lo veas a los ojos ha llegado a sublimar el menos es más hasta la última de las consecuencias. sin pinceles, instrumentos, cámaras ni película, sólo sus ojos y los de cada uno de los visitantes y visitantas que tuvieron la inmensa fortuna de poder compartir espacio / tiempo con ella. esto en mi se vuelve especialmente admirable porque como a gauguin, a mi también me interesa más el hombre tras el nombre. y resulta que en este caso la mujer tras el nombre es la propia obra en sí. hay quién ve en esa performance un autorretrato de la propia artista. es cierto, el autorretrato de uno es el autorretrato de todos, de esa cosa llamada humanidad con todos los pliegos y aristas que la definen. porque al final a todos nos pasan las mismas cosas; nos duele cuando nos pisan tanto un pie como el corazón, reímos cuando nos hacen cosquillas, sentimos alivio después de cagar o tocamos el cielo cuando nos corremos.

y dejo para el final el esfuerzo, bien sea físico, imagina posar tu culo en una silla 7 horas al día durante 3 meses, o psíquico, infinitamente más duro, porque para poder pasar todo ese tiempo inmóvil tu cabeza ha tenido que ser capaz de procesar (y relativizar) todo el bagaje emocional de tu vida con todas las curvas, rectas y accidentes que la han marcado. ya es cosa tuya ahora sentarte a recibir el impacto de su mirada, a mi desde luego no me ha movido de la silla desde ayer noche.

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