¿te gusta escuchar?

por arvre

dignus_david-sierra

Ilustración: David Sierra

  • Texto publicado en el número 1 del periódico 4S durante el Festival Sinsal San Simón #14

Toni Segarra, responsable del anuncio “¿Te gusta conducir?”, explicaba el leit motiv de esa icónica campaña centrando el foco en la conducción y no en la cacharrería tecnológica que diferencia un vehículo de otro, acentuaba las sensaciones al subir a un coche y enfrentar un paisaje de forma activa (manos en el volante) o pasiva (mano bailando al viento).

Quería escribir acerca de qué es o qué significa la música y me ha venido bien recuperar este párrafo para posicionar la experiencia música a través del que lleva el volante (artista) y el que disfruta el viaje con la mano por la ventanilla (público).

“Vivir sin amor es difícil, sin música es imposible”. Esta exageración suele servirme de excusa para defender lo importante de la música en mi vida cuando alguien lanza esa temible pregunta: ¿qué música te gusta?. Puedo escribir mi vida ligándola a estilos que han desfilado por ella, o a discos que han tildado los capítulos más significativos porque aunque (mal) toque instrumentos, grabe discos o viva los conciertos desde dentro, por encima de todo soy público, soy fan, soy mitómano.

La música funciona como una cámara de fotos, una canción aspira a recuperar un estado de ánimo, inmortalizar un momento y jugar a detener esa cosa llamada tiempo. Cuando la música es buena, cuando llega ahí, tu cuerpo te domina, te invita a mover pies, cabeza, dibujar sonrisas o bañar tu cara con una cortina de lluvia salada.

Y si suceden todas esas cosas se debe a la universalidad del lenguaje musical, básicamente porque puedes empatizar con el mensaje independientemente de emisores o canales, piensa en el portátil de una artista de Helsinki o la tuba de un artista nativo de Ulán Bator, convendrás conmigo que las penas/alegrías son universales, las emociones no tienen pasaporte y la música es especialista en saltarse aduanas analógicas o digitales.

La música consigue liberar los esquemas mentales que sujetan tu forma de ser, revienta el andamiaje, las cadenas y te muestra tal como deberías ser, libre. Porque sí, la música es libertad, y cuando recibes el impacto en directo, esa sensación de liberación sublima su alcance. Y por ahí ya aparece Sinsal.

Sinsal aborda mi vida marcando un punto de inflexión difícilmente imaginable. De repente encuentras un grupo de personas inquietas culturalmente en general y musicalmente en particular, ya no estás solo, compartes cosquillas con discos difíciles y encuentras complicidad en conciertos exigentes. De repente entra luz en la habitación, una luz que no se detiene ahí, poco a poco va iluminando el edifico hasta finalmente bañar por completo una ciudad como la nuestra, Vigo. Al amparo de esa luz van aflorando personas que finalmente conforman la comunidad Sinsal. Esa sensación de comunión es extrapolable a los que trabajamos dentro porque, tras tantos años afianzando una forma de ver las cosas, el mensaje ha calado en público y porque no, en las instituciones o patrocinadores que han creído en esa forma de ver/plantear esa inquietud.

Cuando me plantearon escribir esto, Eloy hablaba de visitar los 3 momentos más importantes o significativos de la historia del Festival. Me resulta del todo imposible rebobinar y elegir porque la lista sería interminable. Le pregunto a Luis y le vienen a la cabeza los bomberos en el concierto de Sunn O ))) porque salía humo del MARCO, Omar Souleyman en los jardines de Méndez Núñez, meter en un sótano durante 8 horas al público de aquella barbaridad llamada AP9, recupero la impagable escena de Baby Dee con un cesto para anzuelos convertido en bolso de camino al Hotel Junquera, la cena vegana con Pat Gubler (PG Six), Samara Lubelski y James Yorkston, la increíble complicidad con Tim Koh cuando tocó en el MARCO con White Magic en el año 2007 y tres años después nos abrazamos en San Simón, esta vez acompañando a Ariel Pink y un insondable etc… dificilísimo de obviar.

Pero si realmente debo elegir tres, creo que me quedo con Ben Chasny (Six Organs of Admittance) en la segunda edición del Festival, un 7 de Junio de 2004. En concreto con la cara de Julio cuando tras terminar el concierto me pidió escribir una crítica para La Voz de Galicia. Julio tenía la cara desfigurada de felicidad: “por favor, deja testimonio escrito de lo que acaba de pasar!”, consciente de haber asistido a un concierto extraterrestre. Tara Burke (Fursaxa) tocó antes de Ben, me acuerdo aquí de los drones nacidos de un esparadrapo pegado a las teclas de un Casio. La resaca de aquel concierto pasaba por una pregunta, ¿de dónde nace esta música? Aún hoy, doce años después, sigo sin saberlo.

El segundo momento va ligado inevitablemente a la isla de San Simón, pero ya no a Ariel Pink, el primero en disfrutar del marco incomparable, ni a ninguno de los artistas que han desfilado por la isla aunque después vuelva a ellos. Este recuerdo tiene que ver con vosotros, con el público, Luis destaca las caras de felicidad de la gente los días 24 y 25 de julio de 2012 durante la memorable edición número 10 del Festival. Fue el año de Alt J, Maïa Vidal, Al Madar, Hoquets, etc… “Una isla, cuatro escenarios, once artistas, agua” condensa Toni en el cartel, yo le añado y una sonrisa. Esa sensación de plenitud, de comunión perfecta entre público, artistas, entorno, resume perfectamente esa sensación de libertad a la que tan pocas veces llegamos y que tan fácil resultaba detectar entre las caras de un público completamente entregado a una forma de entender lo que es, o debería ser, un festival de música. Y si queremos nombres propios ligados a la isla Julio me acaba de recordar que la propia Maïa Vidal escribió este año preguntando si podía volver a tocar, lo mismo Shangaan Electro, nos acordamos del tweet de despedida de Alt J, y volviendo a la edición número 12 (año 2014) imposible olvidarse de las fotos de despedida de Wire en el muelle mientras preguntaban por el precio de las casas en Cesantes.

El tercer momento es compartido porque me voy estrictamente a lo musical y hay dos conciertos que no se pueden obviar. El Festival nació un 27 de noviembre de 2002, Sinsal empezaba a escribir su historia con Godspeed you black emperor! (sí, cuando el signo de admiración iba al final) en la “sala” Código de Barras. Sufrimos un retraso de 2 horas por culpa de la mesa de sonido, para los que habíamos descubierto a los canadienses a través de la (incunable) lista de correo “post rock” de yahoo, verlos en Vigo rozó la epifanía durante las dos horas que duró el terremoto.

Comparte pódium la dama del siglo XXI, Joanna Newson. Sucedió un 22 de enero de 2011, dentro de la edición número 9 del festival. Aún hoy sigue siendo el concierto que corona mi altar, ¿Por qué? Pues porque nunca he sentido nada tan digno en mi vida.

Y por ahí, por la dignidad, querría terminar con esto. Si tuviese que definir Sinsal con una palabra sería esa, dignidad, que deriva del latín dignus, cuya traducción es valioso. Pocas palabras sintetizan mejor una propuesta con un carácter tan personal e innegociable como ésta, disparando estímulos desde todos los ángulos posibles con un solo propósito, retarte a sacar la mano por la ventanilla y vivir el viaje independientemente de la carretera. ¿Te gusta escuchar?

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