julianna barwick

por arvre

julianna-barwick

¿qué le ha pasado a julianna barwick en los dos últimos discos? eso pensé cuando cayó  will (dead oceans, 2016) en mis orejas. la misma sensación que nepenthe (dead oceans, 2013) dejaba tras los preliminares, es decir, un sí pero no, incluso después del toqueteo.

mi flechazo con julianna barwick empieza en sanguine (self released, 2006), amor a primera vista, amor del bueno. dos años después nos comprometemos con florine (self released, 2009), “sunlight, heaven”, “cloudbank”, “anjos” apabullan, son canciones que vienen de una órbita muy diferente a la nuestra, todo el rollito do it yourself de sanguine pasa de boceto a óleo. consumamos.

la propuesta de amor eterno, y en consecuencia matrimonio, viene con the magic place (asthmatic kitty, 2011). etérea, angelical o sobrecogedora son palabras que ha utilizado la crítica para describir la cabeza de julianna barwick. para felipe hay falta de hierro, y por ahí a lo mejor le doy un poco la razón aunque me joda el chascarrillo, porque esa anemia en la pegada se debe un poco al progresivo abandono de las bases, guitarras o percusión, en favor de piruetas vocales, teclas o reverb, de ahí que el concierto del pasado lunes no cumpliera mis expectativas (como os odio).

pero al amor verdadero siempre se le espera, asistir en primera persona al one woman choir es una experiencia muy profunda, más en la black box de GNRation, y vale que la cita con la piel y la gallina vendría por el camino abierto en prizewinning, pero es que hasta físicamente julianna ha cambiado un montón. es probable que las paredes de su piso en brooklyn escondan cosas que desconocemos, o es probable que aún no estemos preparados, o no sepamos descifrar, de dónde vienen estas voces y cómo se beben.

aún con todo, a julianna barwick, siempre la buscaré, siempre la esperaré, siempre la querré.

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