the leftovers

por arvre

nora-durst-the-leftovers

me parece del todo imposible hacer justicia a una serie tan devastadora como the leftovers. escribo porque no asumo que haya terminado, porque necesito estirar la resaca, o porque sentarse delante de una pantalla en blanco, mientras suenan las teclas de EL PIANO, resulta muy evocador como para decir no.

el caso es que la serie ha terminado y automáticamente se ha colado en mi top tres junto a the wire y six feet under. defiendo the wire como la mejor porque no es un producto pensado para la televisión en cuanto a ritmo, montaje, etc… es una peli que dura sesenta horas. todas muy medidas, todas muy pensadas, con una interpretación coral inalcanzable para las demás, aunque entienda que no ofrezca lo que mucha gente pide a una serie en cuanto a dinamismo o seducción, tenga o no tenga una porción de pizza en la mano. cuando hablo de six feet under aludo al amor del bueno, ese que en televisión o cine suele ser más empalagoso que mojar toffees en leche condensada pero que en la interpretación de keith & david resulta natural, real, legítimo.

con the leftovers suelo hablar de intensidad, emocionalmente es la serie más exigente que he visto nunca. y aquí, al intentar verbalizarla, me vienen a la mente un par de referencias. la primera alude a ese párrafo de ña y bel que ya asomó por aquí:

[…] creo que estar triste es tener el convencimiento de que las cosas son más de lo que parecen, que esconden siempre otra vida. una vida que, sin embargo, nunca podremos alcanzar. […]

estos días he hilado una teoría absurda: para que te guste the leftovers tienes que estar roto. vale que no es muy sólido esto, pero creo que tienes que haber lidiado de lo lindo con la mierda para poder encajar los golpes que guionistas, actores, directores han creído que podías recibir. hablo de estar mal de verdad (no de parecerlo), de la incapacidad para resolver conflictos, de tener que haber desarrollado mecanismos de autodefensa para asomar ahí fuera, de la incapacidad para comprender o relativizar ciertas cosas.

vale que mi teoría es completamente subjetiva pero sí he pensado en esto cuando le he recomendado la serie a personas felices que bajaron del barco rápidamente porque la serie les exigía mucho a nivel de intensidad. al fin y al cabo hablamos de sentarnos delante de unos personajes que, estando ya rotos, deben lidiar con la súbita desaparición de familiares, amigos o conocidos. una desaparición que no tendrá nunca explicación, vamos, que si quieres porqués últimos, nanai de la china.

la otra referencia tiene que ver con nick cave. en concreto con esa parte del documental one more time with feeling (andrew dominik, 2016) en la que intenta explicar cómo respira la pérdida de su hijo. nick cave habla como si estuviese en el diario de patricia exponiendo el drama de dramas. me llamó especialmente la atención una parte en la que define el tiempo como elástico, puedes alejarte del vacío y del dolor, pero el tiempo funciona como una goma que aunque se estira y aleja, termina por ceder y volver a la zona cero. en este caso nick cave habla de la hora en la que sucedió la mayor de las desgracias imaginable, de la discapacidad emocional para ver el reloj, nuestro 14 de octubre particular.

el tiempo es elástico para todos y cada uno de los personajes con alguna diferencia en la fuerza de retorno a la zona cero, pero igualmente amenazante. querer recuperar una vida que no querías porque la actual tampoco la quieres, porque tú no te quieres, porque eres incapaz de querer, porque el precio de querer o aferrarse a algo/alguien, aunque tengas tres millones de doláres en una subasta, no lo puedes pagar.

dentro del torbellino emocional que sacude a todos los personajes de the leftovers hay uno que los supera a todos, nora durst. lo de carrie coon sería de alfombras rojas, muñecos bañados en oro y todo el tenderete si creyese en eso. porque si hay algo más valiente que suicidarse es afrontar una vida en la que echar de menos pesa lo mismo que echar de más y aún así no hay, ni habrá nunca, equilibrio.

porque en el fondo todos nos movemos infinitamente mejor en la mierda, es más barato pensar mal que pensar bien, nos han hecho creer primero que la felicidad es una meta, es más fácil andar persiguiendo una zanahoria, más tarde rectificaron, ya no es una meta, es el camino hasta la meta. el caso es que seguimos sin ser capaces de ser felices porque  desconocemos los esquemas de la felicidad, porque no estamos acostumbrados, porque no tenemos confianza en ella porque nunca la hemos conocido lo suficiente como para dejarle las llaves de casa. porque aunque sabemos cuáles son los efectos sencudarios de ser/estar triste somos capaces de manejarlos, qué coño, ¡siempre han estado ahí! por eso es lícito jugar a ser dios, a ser espía, a creer en conspiraciones perrunas, en realidades paralelas, en física cuántica, todo vale, todo, absolutamente todo menos creer sin más en el ya, en el ahora, en el ser humano que tienes enfrente en este preciso momento, un momento que es presente y pasado al mismo tiempo, que puede o no puede estar en el mismo plano existencial que tú, que yo, que ella, que él, que todo.

the leftovers no es que deje más interrogantes que respuestas, es que tanto unas como otras en realidad no importan. importan los caminos, el proceso, la evolución, los andamios que has necesitado para hacer esto, lo otro o lo de más allá, importa la ciencia (laurie) hasta que importa más el sentirse útil (aaaay laurie). y claro, importa el amor, siempre el amor, o el pragmatismo, ¿o era la fe?.

me da igual, ojalá volver a sentir algo así con una serie, o-ja-lá.

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