o que arde

por arvre

o que arde [oliver laxe, 2019 | españa]

ayer isaura me decía que las pelis de oliver laxe son cuentos, he buscado en el diccionario qué significa cuento, y la primera acepción dice algo extensible a cualquier relato cinematográfico; narración breve de ficción.

¿es o que arde un cuento? puestos a etiquetar una narración así tiraría mas de fábula por aquello de la intención didáctica, crítica y moraleja final, aunque todas estas tildes pasen de puntillas por la hora y media que dura la peli.

aunque metiendo el bisturí en el continente, podría hablar de documental más que de peli. si una canción debería aspirar a congelar el tiempo e inmortalizarlo, o que arde consigue congelar eso que llamamos vida rural e inmortalizar ese día a día en las aldeas que a los gallegos/as tanto nos resuena dentro.

por momentos perdía el sentido narrativo porque estaba centrándome en todos los huevos de pascua afines a ese día a día en la vida rural gallega: el bote de cola cao amarillo, el interruptor de la luz, el somier metálico como cierre, el entierro, el camisón por debajo del vestido, las campanas, la C15, etc…

hasta que entendí que todo eso necesitaba ser encapsulado y puesto al servicio del recuerdo. y por ahí la crítica pasaba a ser loa, que arda un bosque es terrible, que arda y se extinga un modo de vida es algo catastrófico, de ahí que se agradezca el cariño en el atrezzo.

en cuanto al contenido le comentaba a marga mientras paseábamos la resaca que me sobraba el fuego aunque entendía perfectamente el peso de su protagonismo. aquí recordamos esa charla a la que asistimos hace un par de años en la que oliver laxe enfatizaba el éxtasis que genera la contemplación del fuego, ese ser vivo que en si mismo no puede ser culpable de nada, incluso en los contralumes se adivina el deseo sexual de dos partes que quieren fundirse en una sola unidad, el fuego susurra, el fuego respira, el fuego, como tú y yo, solo quiere vivir.

por eso en el análisis agradezco un punto de vista expositivo, al fin y al cabo, todos deberíamos ser inocentes si se nos obliga a pedir perdón por existir: seamos un eucalipto o un pirómano puesto en libertad tras cumplir condena.

desde un punto de visto meramente estético o cinematográfico lo que consigue oliver laxe a través de una cámara está al alcance de muy pocos. el sentido poético en el derrumbe es de una belleza que realmente aturde, el principio de la peli es una barbaridad; sigo sin saber muy bien como acotar una definición precisa acerca de lo que es o no es cine, pero si ese juego de luces, sonido e imágenes del principio no resuelven la duda, pocas secuencias lo harán.

oliver laxe maneja el lenguaje audiovisual con una soltura que realmente asusta, entiendo que puedan o no gustar sus pelis, lo que es innegable es la profundidad de la mirada, hay algo en los ojos de luna, amador, benedicta, la vaca enferma o el caballo del final que no atiende a interpretaciones, es la verdad atávica de unas formas de vida que siguen sin comprender el entorno que las rodea, porque la naturaleza se rige por unas voces que difícilmente conseguimos descifrar.

y ya me callo, mejor que hable leonard cohen.

[…] and you want to travel with her
and you want to travel blind
but you think maybe you’ll trust her
for she’s touched your perfect body with her mind […]